En la tutoría de hoy hemos leído este cuento. Espero que os guste y que saquéis de él algún provecho:
Un hombre encontró una crisálida de una polilla emperador. La llevó a
casa para poder ver salir a la polilla de la crisálida.

En ese día
apareció una pequeña abertura, él se sentó y miró a la polilla unas
horas mientras ésta forcejeaba para sacar el cuerpo a través de ese
pequeño agujero. Parecía que había llegado hasta donde podía y no más.
Parecía estar simplemente estancada y encerrada.
Entonces, el hombre, con
compasión, decidió ayudar a la polilla, así que tomó unas tijeras y
cortó el cacho que quedaba de la crisálida. La polilla emergió entonces
con facilidad, pero tenía un cuerpo hinchado y pequeñas y arrugadas
alas.
El hombre continuó observando la polilla porque esperaba que en
cualquier momento las alas se agrandarían y expandirían para soportar el
cuerpo entero, que se contraería con el tiempo. ¡Nada de eso sucedió! De
hecho, la pequeña polilla pasó el resto de su vida arrastrándose con un
cuerpo hinchado y unas alas arrugadas.
Nunca pudo volar.
Lo que el
hombre con su compasión y prisas no entendió fue que la crisálida
restrictiva y el forcejeo requerido para que la polilla atravesara la
pequeña abertura era la manera de forzar a que entrara fluido del cuerpo
de la polilla a sus alas para estar lista para el vuelo en cuanto
consiguiera liberarse de su capullo.
La libertad y el vuelo llegarían
sólo tras la lucha. Al privar a la polilla de un forcejeo, la privó de
su salud.
Con las personas ocurre algo parecido. Si no tenemos retos, si no
superamos dificultades, si permanecemos únicamente como espectadores de
la película de la vida, estaremos siempre a merced de otros porque no
habremos aprendido a volar y por lo tanto nunca nos atreveremos a tomar
las riendas de nuestra propia vida.
En la época que estamos viviendo son
numerosos los retos a los que nos enfrentamos y ha llegado el momento de
lanzarse al aprendizaje a todos los niveles, sin reservas, recuperando
el espíritu explorador y las ganas de soñar de cuando éramos niños.
En la
era del conocimiento en la que ya estamos inmersos sin posibilidad de
vuelta atrás, empuja la crisálida y ejercita el músculo más valioso que
realmente tienes: tu propia mente.
¡Ah! Os pongo también la
canción de Presuntos Implicados que hemos escuchado.